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| Primer ministro chino en Kenia |
A los habitantes de Colibuia, localidad de Guinea-Bissau, se les
acabó la paciencia. Un grupo de jóvenes, armados
con palos y machetes, impidió el acceso a un bosque próximo al pueblo a
una cuadrilla de leñadores venidos de Guinea-Conakry y
contratados por una empresa china. En la refriega hubo cuatro heridos.
“Estamos hartos. No solo están destrozando la naturaleza, sino que las
comunidades no reciben nada a cambio”, asegura un miembro del
colectivo de jóvenes Renaj. La madera de Guinea-Bissau o Mozambique; el
petróleo de Sudán, Angola y Guinea Ecuatorial; el uranio de Níger, el
cobalto de la República Democrática de Congo, el cobre de Zambia, el
pescado de Mauritania y el marfil de Tanzania, Kenia o Camerún. África se ha convertido en el principal escenario de una guerra a gran
escala por los recursos naturales en la que China, un país de 1.300
millones de habitantes con enormes necesidades de materias primas, no
deja de ganar batallas. Y la voracidad del gigante asiático es tan grande como la huella ambiental que está dejando a su paso.















