Julieta Roffo
Nombre: Nujood Ali. País: Yemen. Edad: 10 años. Estado civil: divorciada. Esos eran los datos de Nujood cuando, en 2008, la fotógrafa estadounidense Stephanie Sinclair la retrató junto a una de sus hermanastras. Estaba divorciada porque la habían casado a los nueve años con un hombre de treinta, y dos meses después, violaciones y golpes mediante, fue hasta un juzgado: esperó todo el día hasta que alguien la escuchó, le concedió el divorcio y arrestó a su marido y a su padre por forzar el matrimonio. Es que aunque es una práctica generalizada, en la mayoría de los países es ilegal.
Nombre: Nujood Ali. País: Yemen. Edad: 10 años. Estado civil: divorciada. Esos eran los datos de Nujood cuando, en 2008, la fotógrafa estadounidense Stephanie Sinclair la retrató junto a una de sus hermanastras. Estaba divorciada porque la habían casado a los nueve años con un hombre de treinta, y dos meses después, violaciones y golpes mediante, fue hasta un juzgado: esperó todo el día hasta que alguien la escuchó, le concedió el divorcio y arrestó a su marido y a su padre por forzar el matrimonio. Es que aunque es una práctica generalizada, en la mayoría de los países es ilegal.
El caso de Nujood es emblemático pero no es extraño: según la organización británica Plan, que defiende los derechos del niño, cada dos segundos –uno, dos– se fuerza a una menor de 18 años a casarse: a veces es una nena de 5, a veces una chica de 16. Una cada dos segundos da 41.000 por día. Son 15 millones por año. Son unas 720 millones de nenas-chicas-mujeres que viven hoy, ahora, en estas condiciones, y serán 1.200 millones en 2050 si el fenómeno no se frena: es toda la población actual de la India, el segundo país más habitado de la Tierra, compuesta de nenas-chicas-mujeres obligadas a casarse.
















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