domingo, 20 de marzo de 2011

Hipócritas!

La ofensiva de las potencias encabezadas por Washington, París y Londres es parte del doble discurso de quienes no dicen que lo que está detrás es, el petróleo. Una vez más se presentan como protectores de los derechos humanos. Una vez más vemos la técnica repetida de demonización de un personaje para justificar la agenda de terror de los terroristas de corbata que ya vimos en Afganistan, Irak, y ahora Libia. La intervención militar, llamada "zona de exclusión aérea" y luego operación "Odisea del Amanecer”, es una impudicia. Aunque las bombas ya hayan ocupado la escena, nada saca la sensación de apuro, de negociación de intereses mezquinos y de improvisación del operativo. Es parte de la hipocrecía de estos países que intervienen cuando sus intereses están en cuestión y los países que los entorpecen, pasan a ser miembros del Eje del Mal. Khadafi bombardeó a su pueblo pero no perdió credibilidad ahora, sino años atrás. La había perdido ante la humanidad entera, pero sus amigos Tony Blair, Berlusconi, Vladimir Putin y los amigos que se fue haciendo a partir de 2003, incluido Sarkozy, se la restablecieron. Lo abanderaron con una copiosa bienvenida al “mundo libre”. Le compraron petróleo y le vendieron las armas con las que bombardeó a su pueblo. No se trata de demonizar a Khadafi, él lo hace solo. Abran los ojos, EEUU, Francia y Gran Bretaña, van a utilizar vuestro dinero para matar civiles y encima hay que soportar ese discurso hipócrita. No les interesan los civiles. No mientan más!. No les interesa los derechos de los pueblos!. La revolución Libia deben hacerla los propios libios!. Hipócritas, asesinos, dejen de robar y de matar!.


sábado, 19 de marzo de 2011

Daños colaterales 2



En  el coche hay civiles recogiendo muertos inocentes y además niños inocentes.  Que más se puede decir...

Daños colaterales 1



Wikileaks libera un video en abril de 2010 que refleja la matanza de civiles en Bagdad, entre ellos dos niños. Un helicóptero Apache del Ejército de Estados Unidos sobrevuela un suburbio y dispara a un fotógrafo de Reuters, que lleva una cámara al hombro, los militares piensan que es un arma y disparan a los que pasan por allí en ese momento. "Keep shooting-sigue disparando-". Ráfaga. "Keep shooting". Ráfaga. La gente cae fulminada al suelo. Otras huyen. Dos hombres intentan auxiliar al fotógrafo herido y disparan contra ellos y contra la furgoneta, donde hay niños. Balance: doce personas asesinadas. La conversación entre los soldados y las risas del que acaba de disparar. El insulto "Bastards" a los muertos. En el suelo, las víctimas del tiro al bulto, que en estos tiempos se llama "daños colaterales".

Los árabes no quieren otro Irak

El silencio de los Estados de la Liga Árabe fue roto por el secretario general de la organización que les agrupa, Amr Musa, quien expuso con claridad el temor que tienen sus miembros: "El objetivo es proteger a civiles y no una invasión". Coinciden todos los países árabes e incluso el Consejo Nacional libio que reagrupa a los sublevados contra Muamar el Gadafi: ningún soldado occidental debe pisar suelo libio. La sombra de las guerras de Irak y Afganistán incita a las capitales árabes a ser cautas. Solo Turquía -país musulmán, no árabe, y miembro de la OTAN- alzó la voz enérgicamente para exigir un alto el fuego inmediato. La mayoría de las naciones islámicas ha optado, por un perfil bajo, por mucho que varios de sus gobernantes detesten a Gadafi. Cuando sus Gobiernos hablan, como lo hizo ayer Túnez, es para dejar claro que no participarán en la aventura militar. Solo Catar y Emiratos Árabes Unidos - que impulsaron la aprobación de la zona de exclusión- se declaran dispuestos a participar. Desde un punto de vista militar no es relevante la ausencia de los Ejércitos árabes en la operación en marcha. Poco podrían aportar a la potente maquinaria bélica occidental que capitanean Francia y el Reino Unido. Además, muchos gobiernos árabes están enfrascados en sofocar sus revueltas internas como para poder unirse a las operaciones.

J. M. MUÑOZ / I. CEMBRERO - El Cairo / Madri

Desde el Obelisco, para Japón


Frente al Obelisco, la colectividad japonesa residente en Argentina se reunió allí para grabar un video y tomar fotos para dar su apoyo a los habitantes de Japón, “Fuerza Japón”, fue el grito de cientos de personas que a través de una filmación llegará a la televisión japonesa. Una bandera nacional con un círculo rojo en el centro simbolizó la unión de dos pueblos en la distancia.
Los niños se pintaron la cara con la bandera japonesa y fueron los encargados de repartir grullas –pájaro replicado en papel con la técnica origami– hechas en miniatura. “Se hacen mil grullas cuando alguien está enfermo y se le quiere dar fuerza para que se cure”, explicó Gabriela Occhionero.

Los samuráis de Fukushima

Causan admiración los héores anónimos, protagonistas de pequeñas historias capaces de mover las grandes. De Japón conmueve la historia de los 180 hombres de Fukushima, que excepto una breve evacuación, siempre han estado dentro de la central y se juegan la vida luchando para controlar los reactores que amenazan con una fusión de sus núcleos y una fuga masiva de radiactividad. Son sus trabajadores. Los que pese a los altos niveles de radiación han decidido permanecer en el lugar que muchos califican de desastre nuclear. Sus trajes de protección repelen la radiación pero no las partículas invisibles. No sabemos quienes son, ni que piensan.

La Toko Electric Power Company, su empresa, los mantiene en el anonimato. Entre ellos hay físicos, ingenieros, bomberos y demás especialistas. Cuando la empresa decició sacar a los últimos operarios de la planta, temiendo que sufrieran dosis letales de radiactividad, un directivo consultó con el primer ministro, quien se negó alegando que los empleados deben asumir la posibilidad de perder la vida en su intento de salvar al país de un desastre nuclear. Al parecer, todos son voluntarios. Son  hombres anónimos, casi todos mayores de 60 años. Son los liquidadores, expertos en evitar una catástrofe. Muy pocos de los liquidadores que trabajaron en Chernòbyl hace 25 años están vivos. Un veterano de la Segunda Guerra Mundial de 89 años, asegura que no ha sido el dinero o el reconocimiento lo que les ha llevado allí. "Llevan dentro el yamato-damashii", dice del espíritu japonés. Jóvenes y mayores sólo tienen palabras de agradecimiento para el grupo de trabajadores sin rostro que continúan la lucha en la central nuclear. Dos de ellos se encuentran desaparecidos tras una explosión y varios más han resultado heridos.

Japón conserva la cultura del sacrificio por la comunidad. Los 180 de Fukushima representan esa tradición de luchadores, de samuráis que dan su vida por un bien superior. No solo ellos, también los pilotos de los helicópteros y cualquiera que se acerque a menos de 30 kilómetros de distancia corren un riesgo potencial. Las condiciones en Fukushima son pésimas: peligro de explosiones y contaminación radiactiva, frío y oscuridad. Un trabajo de titanes, sin descansos, sin horarios, casi sin esperanza. Colgados de ese hilo de esperanza pelean, y con ellos todo Japón.

viernes, 18 de marzo de 2011

El código de los arrozales

La perseverancia condensa el espíritu colectivo nipón ante las adversidad y frente a la ineficacia de sus autoridades

Por Andrés S. Braun 

Gambarimasu es uno de los verbos más utilizados por los japoneses. Uno puede decírselo a sí mismo o para alentar a los demás. Podría traducirse por perseverar o dar lo mejor de uno, aunque su verdadero y complejo significado trasciende esas acepciones y condensa parte del espíritu colectivo de la sociedad japonesa que estos días asombra al mundo por su integridad. Es un término que conecta, con los valores de rectitud, sacrificio o entrega del bushido, el código samurái que se ha ido transmitiendo y que fue un pilar fundamental para cimentar el milagro económico japonés tras la II Guerra Mundial. Tres décadas de crisis no han logrado que los nipones dejen de emplear este vocablo a diario y las informaciones que llegan estos días desde las zonas más afectadas por el tsunami reflejan ese espíritu; hablan de gente que guarda largas colas para llenar una garrafa de agua y que vuelve a colocarse al final de la fila para llenar una segunda o de ciudadanos que, pese al miedo, no quieren abandonar la tierra en la que han nacido, vivido y en la que morirán si hace falta. "El espíritu militarista aún está presente en muchos estratos de la sociedad, aunque por encima de eso los japoneses son gente tremendamente amable y con un enorme corazón", comentaba a este diario Hisako Watanabe, psiquiatra del ala de Pediatría del hospital Universitario de Keio, en Tokio, apenas dos semanas antes del terremoto.

jueves, 17 de marzo de 2011

Recuperar la identidad

En España hubo dos olas de apropiaciones. La primera fue con Franco, la segunda duró décadas, y era la entrega de niños robados a madres solteras o de escasos recursos

En una batalla contra el tiempo, el Congreso español abrió sus puertas a quienes fueron víctimas del robo de bebés en España. Los diputados escucharon la historia de las organizaciones que buscan a niños que fueron arrancados de los brazos de sus familias y brindaron apoyo para que la investigación se siga profundizando. Todos los partidos políticos se unieron en el reclamo de que se castigue a los culpables de la sustracción. El robo de niños tiene una triste tradición en España.

Poco antes del fin de la Guerra Civil, Franco le dio vía libre al psiquiatra Antonio Vallejo Nájera para que experimentara. “Tenemos ahora una ocasión única de comprobar experimentalmente que el simplismo del ideario marxista y la igualdad social que propugna, favorece su asimilación por los deficientes mentales”, escribió en esos años el médico. La solución que propuso Vallejo fue separar a los niños de sus madres republicanas que estaban presas para que no se propagara la “peste comunista”. También se “recuperó” a los chicos que habían sido enviados al exterior por sus padres para evitar que cayeran en las garras de la dictadura franquista.

Los hijos de los “rojos” fueron enviados a instituciones comandadas por la Iglesia Católica, se les cambiaron los apellidos y perdieron el rastro de su verdadera historia. Antes de que lo suspendieran, el juez Baltasar Garzón estimó que esta práctica, que se prolongó desde los años ’40 hasta los ’50 dejó un saldo de 30 mil niños robados.

Pero la historia de la sustracción de menores continuó durante el régimen franquista. Después de los años ’50 hasta casi la década del ´90, el robo se trasladó a maternidades y hospitales, donde monjas y médicos robaban los hijos de madres solteras, o de escasos recursos. El mecanismo era siniestro. Por una puerta entraban la parturienta y por la otra una mujer que nunca había estado embarazada, se llevaba al recién nacido. “La sociedad y el Estado tienen una deuda moral con las víctimas. El Estado no se dotó de los medios de control necesarios para evitar que esas situaciones se dieran repetidamente en todo el territorio y de una manera sistemática. Los ladrones de niños se servían de instituciones públicas para las que trabajaban”, apuntó Barroso, que preside la Asociación Nacional de Afectados por Adopciones Irregulares. “Es el sistema político el que debe moverse. Hasta ahora todo lo han hecho las familias”, dijo una de las afectadas.

Las bancadas parlamentarias se hicieron eco del reclamo. “Estamos hablando de delitos de lesa humanidad. Es algo parecido a los niños desaparecidos durante la dictadura argentina. Estamos ante una parte de nuestra historia desconocida hasta ahora y que ha quedado impune. El sociólogo Francisco González de Tena, que ha entrevistado a decenas de madres de hijos robados y redactó para el juez Garzón un informe con sus datos, asegura: "Desde el punto de vista social y antropológico, el problema es inmenso. El psicólogo Fouce, profesor en la Universidad Carlos III, asegura que "los problemas de identidad y la indefensión" que genera el robo de niños "son los traumas más graves a los que puede enfrentarse un ser humano". La mejor terapia, añade, "es la ventilación emocional, para lo cual resulta absolutamente necesaria la clarificación de la verdad y el apoyo de las instituciones".

miércoles, 16 de marzo de 2011

Tatuado de ellos

En la Argentina en el año 2009, el Parlamento argentino aprobó una ley que obliga a someterse a pruebas de ADN cuando hay sospechas de robo de niños. Así fue cómo las Abuelas de Plaza de Mayo recuperaron el año pasado al llamado Nieto 102. Se había criado con un oficial de la Fuerza Aérea y no quiso hacerse las pruebas para averiguar su origen. Por orden de un juez le fueron confiscadas prendas íntimas de las que se extrajeron muestras genéticas que confirmaron que sus padres fueron víctimas de la dictadura.

El paraíso perdido




La Atlántida, el paraíso perdido que describió Platón y que desapareció tras un gran maremoto, podría estar en España, según una investigación que comenzó hace cinco años con fotos satelitales. Los textos de Platón la sitúan frente a las Columnas de Hércules, lugar atribuido al estrecho de Gibraltar que señalaba el límite del mundo conocido, y la describen como una isla más grande que Libia y Asia juntas.